23 julio 2007

¿Y la pedagogía?

Miguel Ramírez Carbajal
Marzo de 2004

Mi nombre es Miguel. Aquí un modesto comentario para el Seminario de Investigadores.

Durkheim tenía razón cuando afirma que la educación es la acción socializadora que se ejerce de la generación adulta sobre la generación joven (palabras más, palabras menos).

La generación de mis padres, la mía y la de mis hijos se diferencian en sus valores. Todavía algunos recordamos la jerarquía que se tenía de las figuras del maestro, el médico y el cura.

Hoy vemos cómo estas figuras se desvanecen y no es un problema total de la educación, sino de un contexto social. Antes los niños problema venían de familias problema. Hoy no sabemos con precisión de donde vienen. Campean las palabras obscenas desde los primeros años, la pornografía como tal y las drogas están al alcance de los menores, contemplamos, en nuestras calles violencia adulta e infantil inaudita. Y es innegable que las jerarquías institucionales se ablanden y el alumno forma parte de esta trasgresión. La anarquía es la ley que está rebasando a la Suprema de la República. Ahora parece que la escuela y los medios de condicionamiento electrónico y en menor medida los escritos tienen mucho que ver.

Ahora parece que la escuela se está adaptando al mundo mediático en lugar de hacer de ella un espacio de resistencia. Hasta los profesores discuten el Big Bhother y los famosos “videos” que asombran tanto a la opinión pública como cuando toman a alguien limpiándose el trasero o sacándose un “moco” (que es una acción común de las personas pero se vuelve escándalo cuando se evidencia quién fue).

De pronto los medios establecen qué temas debe discutir la sociedad. Ahora es la corrupción (de raterillos menores), antes el asesinato de Stanley, el beso de Martita con Vicente en el Atrio de San Pedro, la toma mafiosa del canal 40, etc., etc. El objeto es que los medios hacen que el País dé para eso y más.

Es cierto. Nuestra sociedad (aclaro a los extranjeros de este Seminario que me refiero a la mexicana) ha sido, amplia honda y generalmente corrupta. Cada quién a su nivel y si no, vean al “franelero” que nos cobra por usar “sus banquetas”, si no le pagamos la cuota nos metemos en líos. Su forma natural de financiamiento es la corrupción. Pero cuidado que hasta la corrupción está entrando en un proceso de descomposición; porque está dejando de ser un equilibrio de la injusticia. Cuidado, está dejando de funcionar. Y estamos volviendo a ser bestias. Si es que en nuestra historia ha sucedido, estamos dejando de usar la razón.

Tal parece que la tierra regresa ser plana con esta difusión despistada sobre la política. Si antes televisa se encargó de dividir a la sociedad en “americanistas” y “chivas” ahora la fragilidad de los subvalores sociales nos está llevando al retroceso y no precisamente de lo natural sino a la barbarie. Si así se ve soy fatalista.

¿Qué ha llevado a la descomposición?.

En y después de la Revolución Mexicana las dificultades se dirimieron a balazos (el último suspiro revolucionario dirimido a balazos entre las fracciones revolucionarias fue el henriquismo). Después nació el esquema de partido de estado para repartir a lo “civilizado” esas ganancias de la Revolución, se las repartieron equitativamente caciques, cabecillas, caudillos, etc. El PNR fue el mecanismo de ese reparto. Todos encuadrados y disciplinados después empezaron a “descobijar” entre ”la familia revolucionaria” y las disciplinas ya no resultaron tan efectivas como antes de 1988. El sistema de partido hegemónico-autoritario muestra una absoluta descomposición. Se trató de cubrir con la aparente “democracia” de apertura a la oposición y a la defensa de los derechos humanos. Muchos vieron como una bendición las reformas electorales y se llenaron la boca con la democracia difundida por los medios y hecha negocio por ellos mismos a través de las campañas electorales. El marketing, como hijo putativo de la democracia, fue el nuevo mecanismo de lucha por el poder. Hasta los asesinatos políticos se volvieron negocio para los medios. Desde entonces Jacobo y las grandes televisoras agendan los temas de conversación y de enseñanza distorsionada.

La televisión ha desplazado al más bello oficio del mundo; ser maestro. Ahora las generaciones están siendo despedazadas por los medios, que se encargan de distribuir el subconocimiento a los niños y atomizan a los individuos en general. El maestro es también un híbrido. Antes iba contra la ignorancia. Hoy tenemos maestros, muchos de ellos mediocres, su nivel está bajando igual que sus condiciones materiales. Esa democracia parece que con la escuela –de manera deliberada- no le ha servido a la escuela y a sus actores. Se ha banalizado al sistema educativo. La noble tarea de enseñar, el desarrollo del carácter, de la preparación para el trabajo, de la transmisión de valores, la han secuestrado los mass media. Y su crueldad contribuye a ampliar la brecha entre los individuos. En buena parte son los responsables de la desintegración social que estamos lamentando (algunos). Lo vemos en las desgracias del comportamiento principalmente juvenil.

También la enseñanza está dejando de encargarse del nivel de reflexión, de incrementar la pobreza del lenguaje con el “guey”, “padrísimo”, “buena onda”, etcétera, que han sustituido la estructura gramatical. Así como se descodifica el lenguaje se desestructura la RAZON (con mayúsculas). Se descompone la bóveda craneal –y si no vean a los microbuseros de la ciudad de México-. Nuestros niños, jóvenes y otros no tan jóvenes, están futbolizados, se apasionan por la “complicada” trama de la telenovela o por el escándalo televisivo que forma o mejor dicho condiciona su opinión.

Al ver la televisión creemos que estamos discutiendo la posdemocracia cuando ni siquiera hemos entendido –ni revisado- a los pensadores del siglo XVIII que dieron vida a la democracia moderna.

Hablamos de libertad de expresión cuando el ciudadano simple no tiene acceso a un micrófono y al contrario es censurado. Pensamos que lo sabemos todo a través de la “caja negra” (la televisión). Hoy la guerra se hace presente a través de ella o si lo deciden los medios la olvidamos. Los medios toman el lugar que legítimamente le corresponden a las instituciones de la educación. En ellos se dirimen los asuntos centrales del país: los “analistas” financieros dan diagnósticos de la situación económica, a través de la televisión conocemos a nuestros próximos gobernantes, dicen qué tan enfermo, tan moribundo, tan muerto y tan “dañero” fue el expresidente, se destituyen a funcionarios y representantes populares, y si no, pregúntenselo a Bejarano, Robles, Sosamontes y todo eso que nos tiene quietos en marzo de 2004.

No hagamos de la opinión mediática un asunto de conocimiento. No volvamos la opinión un ruido del ruido. Retomemos el papel de educadores. Saquemos al niño de esas entelequias, hay que ir a la disciplina, hay que interesar al estudiante... Hay que enseñar a comprender. Prolonguemos el razonamiento. Evitemos el retorno a la barbarie. Dejemos el rating y eduquemos a nuestra próxima generación.



*Fotografía "Muy bien, muy mal" Adolfo Ramírez

2 comentarios:

Silvana dijo...

Ufff!Carbajal!que historia!pero que bueno es vencer el miedo no?.Sos un Gran Maestro.Siempre te recuerdo por aqui.

Cris dijo...

Hola Juan: Soy Cris, de León (España). Hace tiempo que intento ponerme en contacto contigo pero te he perdido la pista y hoy he encontrado esta página y espero que llegues a leerme. ¡Ojalá!
Tengo muchas ganas de hablar contigo.
Mi mail es criscosto@hotmail.com.
Es el de siempre.
Un beso